¿Del tirano? del tirano di todo,¡di más!;
y clava con furia de mano esclava
sobre su oprobio al tirano.
¿Del error? Pues del error di el antro,
di las veredas oscuras:
di cuanto puedas del tirano y del error.
José Martí


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Tuesday, April 17, 2012

UN HEROE ANONIMO

Por Julio Antonio Aleaga Pesant
16 de Abril, 2012
Para Primavera Digital


Guillermo Espinosa, en una foto de archivo junto a Laura Pollan, ante la tumba de José Martí en el cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, luego del entierro del Padre Meurice Estiú, el 31 de julio de 2011.
"...me llamó la atención el enfrentamiento entre los dos hombres que supuse de la policía. El del pulóver blanco y el de rayas. Pensé en una descoordinación operativa. Pero al mirar detenidamente ese momento, identifique al hombre que sacó del juego al camillero: Guillermo Espinosa, un demócrata de amplio historial, fue el hombre que se lanzó sobre el delincuente con camiseta de la Cruz Roja.
Guillermo Espinosa en una foto de archivo junto a Laura Pollan, ante la tumba de José Martí en el cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, luego del entierro del Padre Meurice Estiú, el 31 de julio de 2011.

Cuba actualidad, El Vedado, La Habana, (PD) El camillero de la Cruz Roja, un negro fuerte y maduro, abofeteó con ira y alevosía, por sorpresa. La víctima, un hombre que era escoltado por policías, gritó ¡abajo el comunismo! durante la misa de Benedicto XVI en Santiago de Cuba. A la violencia del camillero se sumó otro hombre negro, joven, con camiseta blanca y pantalones bermudas.

Este acto bárbaro se registró por las televisoras presentes en la ciudad, fue divulgado al mundo, y marcó, según varias opiniones, la visita papal con la esencia represiva del régimen.

Sin embargo, hubo un botón diferente en ese espectáculo montado por la Iglesia Católica y Seguridad del Estado. Algo que la mayoría de los comentaristas pasó por alto. Un hombre blanco, de unos cuarenta años, con pulóver blanco y pantalón negro, se abalanzó sobre el camillero agresor, que en medio de la euforia represiva, atacaba nuevamente al desvalido detenido con la misma camilla de hierro y madera. El recién llegado abracó al de la Cruz Roja, lo sacó del escenario del conflicto y, sin detenerse, se enfrentó al esbirro vestido de civil, con pulóver negro de rayas blancas, que no sabía a quién tenía al frente.

Diez días después de los sucesos, cuando pude visualizar el vídeo del incidente que el mundo vio y la dictadura censuró, me llamó la atención el enfrentamiento entre los dos hombres que supuse de la policía. El del pulóver blanco y el de rayas. Pensé en una descoordinación operativa. Pero al mirar detenidamente ese momento, identifique al hombre que sacó del juego al camillero: Guillermo Espinosa, un demócrata de amplio historial, fue el hombre que se lanzó sobre el delincuente con camiseta de la Cruz Roja.

Lo localice por teléfono en Santiago de Cuba, en su casa en la carretera vieja del Cobre.

Según narra, estaba cerca del lugar por donde sacaron a Andrés Carrión y al ser testigo de la violencia del camillero, trató de auxiliarlo. Sin pensarlo, se abalanzó sobre él cobarde. Identificado inmediatamente por la policía política, por su larga trayectoria prodemocrática a través de la Agencia de Prensa Libre Oriental y los Comité Ciudadanos en Santiago de Cuba, Guillermo Espinosa fue detenido durante veinticuatro horas, con cargos de desacato a la autoridad, en la estación policial de Micro 9.

Comprendí por sus palabras que no sabía hasta ese momento que el incidente era de dominio público y que él aparecía claramente agarrando al camillero y enfrentándose al esbirro.

¿Por qué entras en la bronca y después no haces la denuncia?, pregunté.

"¿Qué denuncia iba a hacer? Defender a un hombre de los abusadores era lo que tenía que hacer y lo hice", contestó.

-¿Estabas en combinación con Carrión?

-No, yo no sabía lo que iba hacer Carrión. Entré a defenderlo por solidaridad, nagüe.

Al terminar la conversación, llamé al Presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Elizardo Sánchez, y le pregunté si se conocía sobre el incidente y la posterior detención de Guillermo Espinosa. Su respuesta me confirmó que estaba en presencia de uno de esos héroes anónimos, de esos que se sobran en las filas prodemocráticas.



Foto: Aleaga Pesant

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